
Resumen.
Cuando el mandato del CEO pasa de «construir para el futuro» a «obtener resultados este trimestre», incluso las mejores estrategias pueden empezar a erosionar la competitividad a largo plazo de una organización. Bajo la presión de los inversores, los consejos de administración o las estructuras de incentivos que premian la inmediatez, incluso los CEO bienintencionados suelen recurrir a medidas visibles a corto plazo, como recortes de gastos, reestructuraciones o retrasos en el lanzamiento de productos, para demostrar su capacidad de respuesta. Estas medidas pueden impulsar los beneficios a corto plazo, pero a menudo generan costes ocultos que se acumulan con el tiempo: pérdida de impulso, disminución de la confianza y la salida silenciosa de los mejores talentos.