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Resumen.
Las entrevistas de trabajo son una experiencia notoriamente incómoda. Los candidatos disponen de escasos minutos para impresionar a los reclutadores, a los directores de contratación y a los paneles de entrevistadores, y la presión puede llevarles a adoptar un comportamiento antinatural y excesivamente formal o a ocultar de otro modo su verdadero yo. Eso dificulta que los entrevistadores establezcan una conexión genuina y visualicen al candidato como un miembro potencial del equipo.